Hoy volviste a entrar en mi vida, como cada día desde que nuestra relación acabó y yo me quedé vació, sin alma. He decidido que ya está bien de pensar siempre en lo mismo. Tus recuerdos amargos hacen que mi vida sea muy miserable. Veo mi felicidad muy al final del túnel. Voy a cambiar mi suerte.

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Recuerdo nuestro primer momento en esta vida. Un paso de peatones enorme, mucha gente yendo a sus trabajos, se pone en verde y todo el mundo a caminar, tú te desmayaste en mitad de la calle, nadie hizo nada por ti excepto yo, que te ayudé a levantarte y te invité a desayunar.

A partir de ese momento nuestras vidas se unieron para siempre.

El año pasado me fui tres días a Londres. Aproveché un día de vacaciones que tenía pendiente, y me marché viernes, sábado y domingo. Tú me pediste que te comprara un obsequio, algo de la maravillosa y enorme London; te compré una camiseta preciosa; ajustada para que se te marcaran bien esos pezones que tanto me gustaba comer.

Al llegar a España me abandonaste, me dejaste tirado. Esos tres días que estuve fuera te bastaron para conocer a alguien que tú crees que es mejor que yo, pero no lo es. Sabes perfectamente que Álvaro no puede mantener una relación seria con nadie, luego lo lamentarás. A diferencia de estos tres años, yo ya no estaré a tu lado para consolarte.

Hoy volviste a entrar en mi vida y esa camiseta de Londres que guardaba con cariño en mi armario para entregártela al volver hoy fue abierta. La he desenvuelto del papel de regalo, he sacado la camiseta y me he masturbado viendo tus antiguas fotos. Me he corrido en la camiseta tres veces.

Si quieres la camiseta puedes venir a buscarla a mi casa, puta.


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