Comentario del autor: Una mujer que me robó más que el corazón…

Pocas veces en mi vida me sentí tan vacío como después de haber estado con Lola, nunca fue tan devastadora una ruptura como la que ella me produjo a mi, era mi reina, era mi Dios y mi vida, había atrapado mi sexo y mi fuerza, cada día con ella era una fiesta sexual donde la imaginación traía invitados de todos lados, hombres, mujeres, animales, cadenas, travestidos, homosexuales, lesbianas, consoladores gigantes, y los lugares mas inverosímiles para practicar sexo. Nuestro morbo era desmesurado, por eso cada sesión de sexo se tornaba en un juego que rozaba los límites del paro cardiaco, cada aventura para montarnos en algún lugar me hacía bramar de placer y deseo.

Esa mujer era mi vida y mi amor, y el día que me dijo que no quería estar más conmigo y encima sin darme explicaciones, mi corazón se partió en miles de pedazos, mi autoestima cayó a cero y ni que hablar de mi pene que daba pena. Durante un par de meses caí en relaciones que no me satisfacían en lo más mínimo, en las que a duras penas podía eyacular ya que mi cerebro no ayudaba y parecía haber bloqueado los recuerdos de los días de gloria que creí eternos.

Un día, de esos en que las botellas parecen tener agujeros y los pensamientos parecen tener anclas, el timbre de mi casa sonó, eran las dos de la mañana y era impropio el horario hasta para molestar, pero me puse en mis pies y me levanté a contestar, grande fue mi sorpresa cuando detrás de la puerta Lola asomó su cuerpo seguido de una boa que arrastraba por el suelo, me saludó como si el tiempo no hubiera pasado y yo fuera el mismo de siempre, al ver mi sorpresa empezó a explicarme porqué se había ido y que lo suyo era una cuestión de dinero, necesitaba alguien con un buen pasar para poder disfrutar de la vida, encontrarlo fue su fortuna y mi perdición, al fin me dijo que conmigo había pasado sus mejores momentos pero ahora con Andy se sentía protegida y con dinero para hacer sus sueños realidad, pasado esto, me dijo que yo me merecía una última vez juntos pero que había una condición, que Andy participara de nuestra fiesta, le dije que no, que no quería ni evaluar la idea de poseerla con otro hombre.

Grande fue mi sorpresa cuando lo que vi ingresar por la puerta era una rubia monumental con unos cuarenta y tantos muy bien llevados a fuerza de dietas y gimnasios envuelta en un vestido negro que contrastaba con el blanco de Lola, Andy era una mujer y mi alfombra era una cama ya que las dos me tiraron al suelo, yo tenía mi albornoz y debajo mi bóxer y una remera, rápidamente me desnudaron y del bolso de Lola sacaron unas esposas con las que me ataron a mi sillón, evidentemente poseídas por un demonio comenzaron a desnudarse en mi alfombra, lentamente y arrojándome sus ropas que llegaban y me cubrían el cuerpo y mi miembro visiblemente erecto, se acariciaron y se besaron sus cuerpos y cuando llegaron a un clímax mínimo, Andy se sentó en la cara de Lola ofreciéndole su sexo para que bebiera su néctar y poseyera su intimidad, mientras tanto Andy rozaba con la yema de los dedos el húmedo clítoris de Lola que se retorcía de placer bajo ella, le daba pequeños besos en los muslos que le provocaban contracciones rítmicas, Sin dejar de apoyar su sexo en la boca de Lola, Andy tomó su cartera y extrajo un consolador de un tamaño desmesurado para lo que yo poseía, que no era poco, y llevando a Lola a que apoyara sus pies en mis muslos, quedó exponiendo su vagina a mis ojos cada vez más desorbitados, con un poco de aceite lubricó la entrada del placer para el visitante de látex, que lentamente se fue hundiendo en la caverna hasta desaparecer casi por completo en una dilatación asombrosa y abundante, mi éxtasis me hizo sentir un lobo hambriento pero atado no pude más que asistir al show.

Despues de correrse, Lola se subió a mi, quedando espalda con pecho, y Andy comenzó una felación a mi y un cunnilingus a Lola alternándose pero sin dejarme penetrarla, jugando a rozar mi pene con su vagina, y dándole besos y roces de lengua a mi cabeza a punto de estallar, Lola volvió a correrse clavándome las uñas en los muslos, entonces se unió a Andy en la succión de mi miembro pasándoselo de boca en boca hasta hacerme tener ganas de eyacular, viendo esto Andy se metió todo mi pene en la boca muy profundamente, eso me hizo acabar y cada gota de mi semen rodó por su garganta, era un fiesta completa e inexplicable, mis meses de soledad se habían desvanecido y me sentía hombre otra vez.

Ellas lentamente se fueron vistiendo y empezaron a recorrer la casa y llevarse lentamente… mi ordenador, mi tv, mi equipo de audio, mi DVD y todo el dinero de la caja fuerte que obviamente Lola pudo abrir, era un robo y yo no sabía que sentir cuando Lola desde la puerta sopló un beso desde la palma de su mano a mi cuerpo todavía atado a mi sillón.

Por Alberto

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