Comentario del autor:

Un hombre abandonado a los deseos de una mujer

Qué es para un hombre consumir el agua plena que desborda del cuerpo de una mujer?, qué es sentir en su miembro erecto el aliento cálido de una yegua a punto de ser montada?, qué se puede explicar de la magia que emana de una vagina húmeda anhelante de ser penetrada?, Quién puede adentrarse a explicar que sabor salino envuelve la piel de una fémina cuando exuda placer? Son muchos misterios y todos han sido revelados para mí.

Desde temprana edad he sabido desentrañar los secretos que nos unen a esas diosas con tetas que se acicalan frente a nosotros y nos llaman a la lujuria, que pintan sus bocas para exhalar fuego a nuestras propias bocas, que lamen y degustan el sexo salvaje de las hembras en celo, maravilloso néctar de flujo inserto en nuestra saliva.

Así era Laura, intrigante, suplicante, una mezcla de ama y esclava, entregada a la seducción detrás de su copa de vino, mientras hablaba conmigo de temas banales e íbamos adentrándonos en los terrenos de la confianza mutua.

La había conocido en la calle y era simplemente una prostituta, pero lo que me llamó la atención fueron sus modales a la hora de acercarse al auto, de explicarme que quería tener sexo conmigo a cambio de dinero, que estaba aburrida de su vida, eso me empujó a pagarle una noche de su vida, una noche que me traería más ganancias a mi que a ella, que me daría más placer que muchas noches juntas, en esa mesa me enteré de que hacía esa noche en la ruta, que gustos tenía y que nos iba a pasar estando juntos hasta el amanecer, el restaurante del hotel brinda un ambiente de romance que otros hoteles no tienen y cuenta con un pianista que toca melodías que invitan a la pasión.

Luego de tomar un café escolté a mi pareja al ascensor, cuando la puerta se cerró, ella accionó el freno con su tacón y procedió a colgar literalmente su pierna en el barandal, dejando a la vista su lencería blanca, corriéndola, entreví sus labios vaginales que se levaban al roce de las yemas de sus dedos, cuando la fui a tocar, me lo prohibió diciendo que era muy ansioso y empezando a tocarse cada vez con más fuerza haciendo pequeños círculos en los pliegues alcanzando pequeños espasmos cada vez que rozaba su clítoris, cuando por fin llegó al clímax volvió a apretar el botón del piso correspondiente y continuamos viaje hasta la alcoba, abrí con prisa y me precipité apurado arrastrándola conmigo, a lo que ella respondiendo corporalmente acompañó el envión y sin ofrecer resistencia me hizo caer en la cama, allí mismo se abalanzó sobre mi y sacó un par de esposas de su cartera procediendo a atarme a los barrotes para dejarme totalmente expuesto, lentamente me quitó los zapatos, luego las medias, mis pantalones de lino y los interiores para dejarme totalmente desnudo de la cintura para abajo y luego desabrochó los botones de mi camisa y sacando un pañuelo procedió a vendarme los ojos, a partir de ese momento fui su posesión, luego escuché sus tacos alejarse en dirección al baño y cuando volvió empecé a sentir que recorría mis muslos por el lado interior desde los tobillos y cuando llegaba a mi zona genital pasaba al otro lado, yendo y viniendo con lo que parecía la punta de una toalla húmeda que iba dejando pequeños surcos en mi, sentía las contracciones de su cuerpo cuando apoyó sus pechos sobre mi miembro y comenzó a refregarlos con cariñosos masajes, como agarraba mis testículos con su mano apretándolos gentilmente mientras soplaba sobre mi polla, como fue hasta la mini heladera de la habitación y extrajo dos cubos de hielo que comenzó a frotar lentamente en mis pezones alternando rítmicamente con mis muslos, luego me sacó la venda y la vi totalmente desnuda a excepción de un portaligas que se quitó frente a mi y comenzó a golpear mi cuerpo despacio con el, yo me retorcía de placer y moría por un contacto más directo, por penetrarla y cabalgarla salvajemente, a medida que los golpes se intensificaban un calor profundo se iba apoderando de mi, subiendo lento como olas, ella comenzó a rozar con sus uñas mi piel y a erizarme los pelos de la espalda suavemente como una provocación, acto seguido se acostó a mi lado ofreciéndome su sexo para que lo viera pero manteniéndolo a una distancia razonable como para que no pudiera tocarlo, y comenzó a masturbarse, con un ritmo, casi hipnótico, como llevándome a otra dimensión, y ahí, me aflojé, me dejé llevar por sus caricias en sus pezones y la cara de deseo que me ofrecía, y ahí lo inusitado, lo ilógico de correrme solo y sin haberme tocado, sin haberme tocado ella tampoco, sin roce alguno, puro placer dado con mi cerebro y sus revoluciones, nunca tuve un orgasmo tan sonoro y creo que todo el hotel debe haberme escuchado, cuando me relajé tomó un cubo de hielo en su boca y procedió a hacerme una felación, sentía el frío del hielo sobre la cabeza de mi miembro y cada ida y vuelta sumaba más placer a las filas que se iban formando, tomaba mis testículos e introduciéndolos los frotaba contra el hielo, mientras tomaba mi miembro duro con sus manos y me hacía una masturbación frenética hasta hacerme acabar dentro de su boca, luego de tomar todo mi semen acarició repetidas veces mi verga mientras me susurraba cosas obscenas al oído, hizo endurecer nuevamente mi sexualidad, la tomó con una mano en la base y con las uñas de la otra iba haciendo pequeños recorridos que desembocaban en la punta haciéndome sentir un placer insoportable, el hecho de estar atado hacía que la escena se me hiciera sumamente erótica y escalofriante a las vez, más aún cuando comenzó a frotar con su lengua mi pene y me hizo eyacular por tercera vez, aún sentido y abandonándome me desmayé, lo primero que recuerdo fue que mis manos ya no estaban atadas, Laura ya no estaba más allí, pero su esencia quedó, impregnando toda la habitación.

Te recomendamos más sexo