El chocho de una casada sabe a gloria

Paseo por mi calle de toda la vida. Se dirige hacia mí una mujer elegante y muy atractiva, lleva tacones; pronto nos veremos las caritas. Si las diosas existieran ella olería a diosa, voy a seguirla. Yo nunca podría estar con una mujer así, estoy seguro, ella nunca se fijaría en alguien como yo, vive en un mundo inalcanzable; yo con niñatas y ella con tíos forrados de pasta. Abre la puerta del portal número 22, me acerco pero me tiembla la voz:

– Hola, buenas tardes – no sabia que decir –
– Hola. ¿Vas a subir?
– No… bueno no sé –
– Hoy estoy solísima en casa, te invito a tomar algo; tienes cara de buena persona.
– Muchas gracias – era todo como un sueño, seguro que ahora la cagaría de alguna manera –

 Un piso verdaderamente increíble, una decoración digna de un alto cargo del gobierno:

– ¿Estás casada?
– Si, lo estoy. Casi siempre estoy sola en casa, mi marido siempre está con sus negocios. Voy a cambiarme.

Estuvo como quince minutos en su dormitorio, esa situación me sobrepasaba, no sabia ni que hacia ahí, creo que ella se había dado cuenta de que la seguía. Sale de su dormitorio especialmente sexy, se ha vestido así para mí, no puedo creerlo:

– ¿Qué? ¿Nunca has visto a una mujer en camisón?
– Sí. Pero nunca a una tan increíble como tú.

Mi polla a día de hoy no es una polla normal, es su polla. Esa mujer es una diosa y yo nada ante ella. Solo nos follamos a escondidas, ella jamás estaría saliendo seriamente conmigo porque no le ofrezco nada estable. Mi cometido en la vida es ser su amante y morir lamiendo su chocho; sabe a helado de staciatella.

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