Cachondo como un monete
Me despierto: Echo de menos su perfume y su beso; decido llamarla al móvil:

– ¿Sí? – Contesta fría como el hielo y muy mosqueada –
– ¿Qué tal rubia? ¿Anoche bien?
– Pues no. Bien tú, que te pusiste hasta arriba de cubatas con tus amigotes y me dejaste totalmente apartada.
– Perdona rubia, es verdad que perdí un poco los papeles pero vamos a quedar esta tarde y te recompenso, ¿te parece?
– Quedamos a las 18:00. Ya puedes hacer algo especial, gilipollas – Y cuelga el teléfono –

La conozco perfectamente: Está esperando un buen trabajito y no conoce nada que no sea sexo; ahora solo queda ejercitar mi lengua para la gran comida de felpudo que le voy a hacer; debería haber un gimnasio para entrenar lenguas come-chochos.

Cuando estoy cerca de ella dudo de si estoy enamorado, quizás sólo sean calentones interiores; yo siento esas mariposillas en todos mis huevos; intuyo que genero más semen cuando la veo. Que nuestra relación dure lo que tenga que durar pero de momento no me separes de tus tetas y tu chocho, pichoncito.

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