Llegamos a Londres más cansados de lo habitual y nos vamos directos al hotel:

—Mañana quiero ver otra Inglaterra diferente —me dice Julia- quiero conducir y que el destino nos lleve a donde quiera.
—Anda ya, pero si no tenemos coche.
—No es problema, alquilamos uno que salga barato.

Al día siguiente una vez alquilado el coche me sorprendo al escuchar las palabras de Julia, que en resumidas cuentas me pide que me ponga unos pantalones que no aprecie demasiado, de bajo coste y calidad paupérrima. Una vez dentro del coche y ella conduciendo lo entendí todo:

—Guapo, relájate que vas a sentir que vuelas en el paraíso. ¿Puedo manchar esos pantalones de semen?
—Sí, claro, son una mierda, ¿pero qué estás tramando loca?

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