Mi vida siendo totalmente aplastada por una mujer veneno que me plantó dos enormes bultos en la cabeza. Yo buscando a una mujer bandera que cruzara a nado el recorrido más largo e intenso hacía mí. Deseando sentirme especial para alguien, como lo es un vagabundo al ser rescatado en su isla, lleno de mierda y trapos.

Así estaba yo: vivía muerto y respiraba un oxígeno que me daba una ligera esperanza de recobrar las fuerzas necesarias para retomar el cauce de una vida marcada a ser la del típico desgraciado.

psiqui

Entré a la consulta de la doctora Alonso y mientras esperaba mi turno me fijé que su secretaria estaba buena, pero no era mi tipo. Yo aspiraba a algo más. Pasé media hora escuchando cantar a los pajaritos.

—Señor Martín, puede usted pasar, la doctora le está esperando. -me dice.

Mientras la secretaria me dice eso yo entiendo otra cosa:

—Tú, el que lleva esos enormes cuernos puestos. Pasa a ver a la doctora a ver si te los quita ya, cabrón.

Entro en la consulta. Huele bien, muy bien. Imagino que la habrán fumigado para quitar esa olor tan típica a locura.

—Hola señor Martín. Siéntese.
—Hola. Mi mujer me puso los cuernos con un funcionario y yo después de eso me hundí en la miseria. Necesito superar eso y no se como hacerlo.
—Esto es muy sencillo de superar. Podemos recetarle una medicación antidepresiva y poco a poco ir viendo si mejora, o no.
—¡No! yo no quiero pastillas. Por favor, déme un remedio natural, rubita.
—Está bien. Le voy a dar otro remedio quizás más caro pero más efectivo a largo plazo. Yo aquí soy psiquiatra pero luego soy puta, puedes venir a mi casa y follamos.
—Bueno, vale. ¿Cuanto me va a costar follar a una psiquiatra?
—Nada. Solo 100 leuros.
—Sin problema.

Y me curé. Así, sin más.

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