Nunca me tuve por una belleza, pero el motivo de estas fotos es para que opine la gente de lo que me pasó hará ya unos años. Increíble es la palabra.

Mi primer día de universidad. Me monto en el bus, que si parecía que no entraba nadie más, aún acabó de llenarse hasta arriba. De pie, sujetándome en la barra de arriba, es imposible no tener contacto con los demás.

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A mitad del camino empecé a notar que alguien me estaba acariciando la pierna. Al principio me molestaba, pero de pronto empezó a subir por debajo de la falda y noté como todo mi cuerpo se ponía caliente como el brasero de mi casa.

Me bajó un poco el tanga allí mismo, en mitad de todo el autobús, nadie se dio cuenta de nada. Me metió dos dedos por el chocho y me masturbó hasta que me corrí en su mano. Él se bajo en otra parada distinta a la mía.

Jamás volví a saber de él.

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